martes, 22 de abril de 2014

concepto sobre la educación en República Dominicana

La otra UASD, la de mis aulas

Por JUAN MIGUEL PÉREZ (APORTE)
12 abril, 2014 2:00 am
 1 comentario

Digo “la de mis aulas”, para precisar esas aulas en las que imparto clases de Sociología, donde soy observador participante y en las cuales he podido desarrollar el análisis siguiente.
En el trabajo “La otra UASD, la de mis estudiantes”, (Areíto, 4 de abril), abordábamos el origen social y las tribulaciones presentes que sufren los estudiantes a los que he tenido el privilegio de servir como profesor. Ahora, quiero referirme a ese ¿qué he podido encontrar en las aulas universitarias? Nos concentraremos en dos elementos en específico: la motivación del estudiante uasdiano y la pertinencia de los aprendizajes trabajados con ellos. Para hacerlo, sin tener el espacio suficiente para desarrollar todos los argumentos, compararé solo algunos puntos de mi experiencia como docente en la UASD con aquellas experimentadas como profesor en la PUCMM. Solo se hace ciencia de las diferencias, proclamaban los naturalistas del siglo XVIII.
1. De las motivaciones de clase en las clases.
Si hay algo que nos llena de preocupación a los sociólogos críticos (existen otras escuelas y formas de pensamiento en las ciencias sociales), es saber a través de los hallazgos científicos encontrados que, a grandes rasgos, la vida de un ser humano queda condicionada de por vida según las vivencias a las que tuvo acceso esa persona en su temprana edad. La mayoría de competencias cognitivas, psicoafectivas y sociales que nos hacen como persona dependerán predominantemente del lugar en el que nazcas, de tu apellido, de la profesión de tus padres, del contexto en el que socialices tus primeros aprendizajes. Después de determinada edad, es muy difícil recuperar lo que no se conquistó antes. Tenemos más de portadores de herencias sociales que de protagonistas de nuestros destinos de vida. No es verdad que en la práctica los hombres y las mujeres nacen libres ni iguales. Las clases sociales continúan jugando un rol substancial en la configuración de probabilidades de logros que alcance un agente social a lo largo de su vida.
En la UASD como en la PUCMM, la actitud de un estudiante ante sus estudios universitarios quedará fundamentalmente condicionada por el nivel de esperanza que ponga ese estudiante en el futuro que la sociedad le ha enseñado que tendrá un diploma universitario para un joven de su estrato social. Así, el estudiante de la PUCMM es más proclive a buscar buenas calificaciones, porque sabe lo decisivo que puede ser para su futuro una nota o una mención que le distinga de sus pares al graduarse, sea para fines de obtención de becas o puestos laborales. Para el estudiante de la UASD, tener una “A”, una “B”, o una “C” no es que no sea importante, pero importa menos que “pasar” o “no pasar”. Lo importante es el título.
Actores de una realidad social de carencias y dependencias, para esos estudiantes su contexto familiar les exige contribuciones inmediatas al sustento material diario en la que viven. Muy difícil, entonces, pensar en continuar, luego de una licenciatura, estudios de posgrado, por lo que “sacar buenas” notas para una eventual beca no es prioridad en la UASD.
Como resultado de sus condiciones de vida, las privaciones materiales les compelen a tener trayectorias accidentadas en su carrera universitaria: dificultad para adquirir sus materiales de estudios; llegar tarde a clases cuando salen del trabajo a las 5 pm y el transporte público no garantiza llegar a tiempo al curso de las 6 pm; no poder dedicarle suficiente tiempo al estudio porque hay que atender los quehaceres de la casa; no tener acceso a un computador o al internet. Factores todos que merman el legítimo deseo estudiantil de hacerlo bien.
De igual manera, la clase social incide en el plano del mercado laboral. Por las posibilidades que tienen sus pares, el estudiante de la PUCMM y de la UASD conocen los puestos a los que ellos, según sus orígenes sociales, tendrían la posibilidad de acceder con menor o mayor grado de probabilidad. Cuando eres estudiante de la UASD, tus orígenes marcan un estigma que el mercado de trabajo discrimina. Según una jerarquía social configurada por puestos de trabajo y por los prejuicios de los reclutadores, en la mayoría de casos, el título arropa las calificaciones.
Esta realidad alimenta una indiferencia que asumen de manera frecuente muchos estudiantes uasdianos, principalmente en la población masculina, la femenina siendo mucho más disciplinada o “aplicada”. En ese estrato social, la dominación masculina ejerce una incidencia paradójica en el aula: contribuye a que los estudiantes tengan más dificultad al seguir las orientaciones del profesor y que, al contrario,las estudiantes posean más y mejores destrezas intelectuales.
Por eso, antes mismo de entrar en las aulas universitarias, la motivación de los estudiantes se convierte en primerísima problemática para el profesor, lo cual requiere revisar sus métodos a la luz del contexto de reproducción social específico de los estudiantes y del sentimiento de pesimismo que de él se desprende. Constituirse en un proveedor riguroso de esperanzas en la excelencia y para la vida, es el mayor reto de un profesor de la UASD.
2. Del tipo de conocimientos y de su generación.
En la UASD, como en toda universidad, existen las materias generales y las más especializadas que tienen que ver con el programa académico específico de una carrera. Me voy a detener en las materias generales. Imparto una materia llamada “Introducción a las Ciencias Sociales”. Me di cuenta del poco atractivo inicial que tiene para el estudiante de las carreras de contabilidad, de bioanálisis o de ingeniería, conocer el psicoanálisis, la antropología, la historia o la economía, ramas de las Ciencias Sociales. Observé la infertilidad que tenía para mis estudiantes de la UASD un curso que reposase únicamente en los conceptos y nociones que conforman el parque teórico de las ciencias sociales. Cambié el título y le puse uno un poco más práctico: “El mundo en el que vives”, con el objetivo de construir con ellos un sentido crítico del mundo en el que sobreviven. La idea es que puedan comprender las leyes sociales que gobiernan sus realidades, auxiliándose de las ciencias sociales, y no lo inverso. Trabajamos la cotidianidad concreta desde una perspectiva de distanciamiento con el diario vivir, de autoexilio de sus culturas, para que ellos y ellas, nosotros, podamos construir un efecto visual-analítico de espejo, indispensable al discernimiento reflexivo. Indagamos al otro, en sus diferencias y similitudes con nosotros, buscando en ese otro un conocimiento que nos ayude a reconocernos.
Por último, nos queda la producción del conocimiento. No solo se gana motivación en el estudiante cuando trabajamos desde una perspectiva que los incluya (“El mundo en el que vives”), sino que los hacemos partícipes de la producción del conocimiento que se genera en la clase. El profesor Amaury Pérez, por ejemplo, colega del departamento de Sociología, viene desarrollando un proyecto titulado “Sociología del Barrio”, en el que los estudiantes se convierten en observadores agudos de sus propios entornos. También ha creado una colección de publicaciones en las que los estudiantes se transforman en asistentes de investigación del profesor y terminan como co-autores de las publicaciones trabajadas.
Aprovechando la riqueza que aporta la diversidad de trayectorias que llevan en sus vidas los estudiantes, el profesor lidera un proceso colectivo de generación comunitaria de inteligibilidad social. La meta es habilitarle al estudiante el rango de actor protagónico de su propio aprendizaje y de entrenarlos al método de razonamiento científico que pueda tanto en el plano del conocimiento experiencial, como el conocimiento de carácter lógico deductivo, contribuir a la mejora de sus procesos de toma de decisiones. Y esto, para el resto de sus vidas.
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La otra cara de la UASD

La otra UASD, la de mis aulas

Por JUAN MIGUEL PÉREZ (APORTE)
12 abril, 2014 2:00 am
 


Digo “la de mis aulas”, para precisar esas aulas en las que imparto clases de Sociología, donde soy observador participante y en las cuales he podido desarrollar el análisis siguiente.
En el trabajo “La otra UASD, la de mis estudiantes”, (Areíto, 4 de abril), abordábamos el origen social y las tribulaciones presentes que sufren los estudiantes a los que he tenido el privilegio de servir como profesor. Ahora, quiero referirme a ese ¿qué he podido encontrar en las aulas universitarias? Nos concentraremos en dos elementos en específico: la motivación del estudiante uasdiano y la pertinencia de los aprendizajes trabajados con ellos. Para hacerlo, sin tener el espacio suficiente para desarrollar todos los argumentos, compararé solo algunos puntos de mi experiencia como docente en la UASD con aquellas experimentadas como profesor en la PUCMM. Solo se hace ciencia de las diferencias, proclamaban los naturalistas del siglo XVIII.
1. De las motivaciones de clase en las clases.
Si hay algo que nos llena de preocupación a los sociólogos críticos (existen otras escuelas y formas de pensamiento en las ciencias sociales), es saber a través de los hallazgos científicos encontrados que, a grandes rasgos, la vida de un ser humano queda condicionada de por vida según las vivencias a las que tuvo acceso esa persona en su temprana edad. La mayoría de competencias cognitivas, psicoafectivas y sociales que nos hacen como persona dependerán predominantemente del lugar en el que nazcas, de tu apellido, de la profesión de tus padres, del contexto en el que socialices tus primeros aprendizajes. Después de determinada edad, es muy difícil recuperar lo que no se conquistó antes. Tenemos más de portadores de herencias sociales que de protagonistas de nuestros destinos de vida. No es verdad que en la práctica los hombres y las mujeres nacen libres ni iguales. Las clases sociales continúan jugando un rol substancial en la configuración de probabilidades de logros que alcance un agente social a lo largo de su vida.
En la UASD como en la PUCMM, la actitud de un estudiante ante sus estudios universitarios quedará fundamentalmente condicionada por el nivel de esperanza que ponga ese estudiante en el futuro que la sociedad le ha enseñado que tendrá un diploma universitario para un joven de su estrato social. Así, el estudiante de la PUCMM es más proclive a buscar buenas calificaciones, porque sabe lo decisivo que puede ser para su futuro una nota o una mención que le distinga de sus pares al graduarse, sea para fines de obtención de becas o puestos laborales. Para el estudiante de la UASD, tener una “A”, una “B”, o una “C” no es que no sea importante, pero importa menos que “pasar” o “no pasar”. Lo importante es el título.
Actores de una realidad social de carencias y dependencias, para esos estudiantes su contexto familiar les exige contribuciones inmediatas al sustento material diario en la que viven. Muy difícil, entonces, pensar en continuar, luego de una licenciatura, estudios de posgrado, por lo que “sacar buenas” notas para una eventual beca no es prioridad en la UASD.
Como resultado de sus condiciones de vida, las privaciones materiales les compelen a tener trayectorias accidentadas en su carrera universitaria: dificultad para adquirir sus materiales de estudios; llegar tarde a clases cuando salen del trabajo a las 5 pm y el transporte público no garantiza llegar a tiempo al curso de las 6 pm; no poder dedicarle suficiente tiempo al estudio porque hay que atender los quehaceres de la casa; no tener acceso a un computador o al internet. Factores todos que merman el legítimo deseo estudiantil de hacerlo bien.
De igual manera, la clase social incide en el plano del mercado laboral. Por las posibilidades que tienen sus pares, el estudiante de la PUCMM y de la UASD conocen los puestos a los que ellos, según sus orígenes sociales, tendrían la posibilidad de acceder con menor o mayor grado de probabilidad. Cuando eres estudiante de la UASD, tus orígenes marcan un estigma que el mercado de trabajo discrimina. Según una jerarquía social configurada por puestos de trabajo y por los prejuicios de los reclutadores, en la mayoría de casos, el título arropa las calificaciones.
Esta realidad alimenta una indiferencia que asumen de manera frecuente muchos estudiantes uasdianos, principalmente en la población masculina, la femenina siendo mucho más disciplinada o “aplicada”. En ese estrato social, la dominación masculina ejerce una incidencia paradójica en el aula: contribuye a que los estudiantes tengan más dificultad al seguir las orientaciones del profesor y que, al contrario,las estudiantes posean más y mejores destrezas intelectuales.
Por eso, antes mismo de entrar en las aulas universitarias, la motivación de los estudiantes se convierte en primerísima problemática para el profesor, lo cual requiere revisar sus métodos a la luz del contexto de reproducción social específico de los estudiantes y del sentimiento de pesimismo que de él se desprende. Constituirse en un proveedor riguroso de esperanzas en la excelencia y para la vida, es el mayor reto de un profesor de la UASD.
2. Del tipo de conocimientos y de su generación.
En la UASD, como en toda universidad, existen las materias generales y las más especializadas que tienen que ver con el programa académico específico de una carrera. Me voy a detener en las materias generales. Imparto una materia llamada “Introducción a las Ciencias Sociales”. Me di cuenta del poco atractivo inicial que tiene para el estudiante de las carreras de contabilidad, de bioanálisis o de ingeniería, conocer el psicoanálisis, la antropología, la historia o la economía, ramas de las Ciencias Sociales. Observé la infertilidad que tenía para mis estudiantes de la UASD un curso que reposase únicamente en los conceptos y nociones que conforman el parque teórico de las ciencias sociales. Cambié el título y le puse uno un poco más práctico: “El mundo en el que vives”, con el objetivo de construir con ellos un sentido crítico del mundo en el que sobreviven. La idea es que puedan comprender las leyes sociales que gobiernan sus realidades, auxiliándose de las ciencias sociales, y no lo inverso. Trabajamos la cotidianidad concreta desde una perspectiva de distanciamiento con el diario vivir, de autoexilio de sus culturas, para que ellos y ellas, nosotros, podamos construir un efecto visual-analítico de espejo, indispensable al discernimiento reflexivo. Indagamos al otro, en sus diferencias y similitudes con nosotros, buscando en ese otro un conocimiento que nos ayude a reconocernos.
Por último, nos queda la producción del conocimiento. No solo se gana motivación en el estudiante cuando trabajamos desde una perspectiva que los incluya (“El mundo en el que vives”), sino que los hacemos partícipes de la producción del conocimiento que se genera en la clase. El profesor Amaury Pérez, por ejemplo, colega del departamento de Sociología, viene desarrollando un proyecto titulado “Sociología del Barrio”, en el que los estudiantes se convierten en observadores agudos de sus propios entornos. También ha creado una colección de publicaciones en las que los estudiantes se transforman en asistentes de investigación del profesor y terminan como co-autores de las publicaciones trabajadas.
Aprovechando la riqueza que aporta la diversidad de trayectorias que llevan en sus vidas los estudiantes, el profesor lidera un proceso colectivo de generación comunitaria de inteligibilidad social. La meta es habilitarle al estudiante el rango de actor protagónico de su propio aprendizaje y de entrenarlos al método de razonamiento científico que pueda tanto en el plano del conocimiento experiencial, como el conocimiento de carácter lógico deductivo, contribuir a la mejora de sus procesos de toma de decisiones. Y esto, para el resto de sus vidas.
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jueves, 27 de marzo de 2014

Historia del Arte Dominicano

Historia del Arte Dominicano
El arte dominicano, en sentido estricto el producido en la Republica Dominicana desde la Independencia en 1844, tiene sus antecedentes históricos en las pictografías taínas realizadas con líneas simples y pigmentos vegetales sobre paredes rocosas, la cerámica y otras producciones "menores", y en la pintura y escultura religiosas españolas traída por los conquistadores desde los viajes de Colón.

Posteriormente a la Independencia, como en el resto de la América Hispana, las artes visuales siguen la senda del afianzamiento de la identidad nacional, sobre todo a través de los retratos de patricios y de un creciente reconocimiento del paisaje como un medio de descubrimiento y de identificación con el entorno. Igualmente, las modas del criollismo y el indigenismo se manifestaron en la pintura, y como suele ocurrir en las periferias artísticas, los elementos procedentes de los lenguajes visuales característicos de los movimientos surgidos en los centros del arte, específicamente en Paris y otras capitales europeas, aparecen mezclados de modo indiscernible. Realismo, romanticismo, neoclasicismo académico, e incluso ribetes simbolistas, se fusionan en la pintura de finales del XIX y comienzos del XX, en Sisito Desangles, Alejandro Piñeyro, Rodríguez Urdaneta o García Godoy.

Los maestros de la Plástica
Los primeros maestros en artes plásticas dominicana se remontan a los años treinta. A lo largo de las últimas siete décadas, la Escuela Nacional de Bellas Artes es la principal casa de estudios de donde proceden los más renombrados artistas plásticos dominicanos.
Años treinta
Joryi Morel, lo mismo que Federico Izquierdo, se forma afianzado en el corazón del Cibao (centro del país), y hace protagonistas de sus cuadros a la luz y al hombre de campo dominicanos. Su Campesino cibaeño , de la colección del Museo de Arte Moderno, es una exaltación de la nobleza y la elegancia innatas de las gentes del Cibao rural, con un luminismo que no siempre puede identificarse con el divisionismo de los impresionistas galos.

Jaime Colson absorbió la savia de las vanguardias estéticas en Francia y la transmitió, primero, a la joven vanguardia barcelonesa del grupo Dau al Set, y después a la de su propio país. Colson Conecta el espíritu clásico con el cubismo en su propia imaginería mulata y en la sensualidad de sus efebos, al mismo tiempo que reconstruye los vínculos de la geometría con el ancestro africano. Darío Suro, por su parte, con su formidable capacidad de evolución, es el camaleón del siglo. Absorbe durante seis décadas el aporte de los principales movimientos del siglo, en Iberoamérica, en Estados Unidos y en Europa, para asimilarlos a su propia visión de la raza y del erotismo, de la tensión entre lo abstracto y lo figurativo, entre el cuerpo como naturaleza dada y concreta y la imaginación pasional que lo anima.
La Escuela de Bella sArtes
La Escuela Nacional de Bellas Artes, una de las instituciones con las que Rafael Díaz Niese inicia la primera política cultural dominicana en plena dictadura trujillista, es el ámbito de acción de otra figura señera, la pintora Celeste Woss y Gil. Esta excepcional cultivadora del retrato y el desnudo, hija del ex presidente Alejandro Woss y Gil, formada en Cuba, fue la única artista dominicana tan absolutamente al día con la cultura de su época que pudo formar parte del profesorado de la Escuela (compuesto en su casi totalidad por exiliados españoles y centroeuropeos que huían de las contiendas de sus países de origen, debido a sus convicciones liberales o democráticas, en el caso de los primeros, y su origen judío en el de los segundos). De Woss y Gil cabe destacar sus Desnudos y su estupendo Mercado .

Años cuarenta. Actualización y autodefinición del arte dominicano
La influencia que se inicia con los propios maestros europeos, desde Joseph Gausachs a George Hausdorf, de José Vela Zaneti a Antonio Prats Ventos, no es, como en la época virreinal, una mera traslación de modelos metropolitanos, sino que la presencia de un desarrollo plástico dominicano preexistente da lugar al surgimiento de un arte con identidad propia, dada por los contenidos cifrados en el hombre antillano y la naturaleza, por el aspecto radiante de la luz e incluso por nuevos materiales que incitan a la experimentación. Marianela Jiménez, Clara Ledesma, Noemí Mella, Elsa Divanna, son algunos de los nombres más representativos de una generación de egresados de la Escuela Nacional de Bellas Artes en que se destacan las pintoras. En esta etapa, Eugenio Fernández Granell introduce el surrealismo en nuestro país, una vanguardia que, liderada en ese entonces por Bretón, mantiene aún su vigencia internacional.

Años cincuenta y sesenta. Un lenguaje críptico
A lo largo de los años cincuenta prosigue un desarrollo que se inclina en gran medida hacia el expresionismo, e incluso a la abstracción, posiblemente por varios motivos: expresión cifrada de las tremendas tensiones sociales de la ultima década de la dictadura, influencia del tenebrismo de Gausachs y de su discípulo Gilberto Hernández Ortega, de las corrientes expresionistas del centro de Europa, y del magisterio crítico de Manuel Valdeperes. Drama es lo que rebosa de la obra del propio Hernández Ortega, como su Lluvia en el Cementerio , o del Sacrificio del Chivo , de Eligio Pichardo, pintado en los inicios de la década siguiente, o del expresionismo posterior, pero con raíces en los cincuenta, de un José Rincón Mora; de la obra de Oviedo, de Ramírez Conde, incluso de Elsa Núñez. La introducción de la abstracción por Josep Fulop y Silvano Lora, a principios de los cincuenta, se inscribe dentro de esta necesidad de lenguajes cifrados.

Los setenta. La segunda ola expansiva
Los setenta son una época de expansión de la burguesía y del mercado, y de multiplicación de tendencias que van desde el hiperrealismo fotográfico de Alberto Bass hasta las abstracciones de Orlando Menicucci y de Geo Ripley (este ultimo en los linderos del minimalismo y el arte conceptual, incorporando elementos desdeñados de nuestra tradición multiétnica, como los contenidos relativos a los sincretismos mágico-religiosos afrocaribeños), además de ser la década a mediados de la cual se funda la Escuela de Altos de Chavón, que contribuirá a una orientación de la pintura y el dibujo y un desarrollo del diseño como forma de expresión creadora que alcanzara su punto de mayor desarrollo e importancia en los ochenta y noventa. La influencia norteamericana en la pintura se hace cada vez más evidente en el país.

La generación de los ochenta. Arte contemporáneo
Los años ochenta son en la pintura dominicana una etapa en que la necesidad de evasión surgida de la crisis económica determina un fuerte vuelco hacia la abstracción, ejemplificado por artistas como Pedro Terreiro o Carlos Santos. Pero a veces son artistas "consagrados", como Ada Balcácer, quien partiendo del análisis de la luz y el color que iniciara su maestro Gausachs llega a un auténtico "impresionismo abstracto" en visiones deducidas de la sensación pura de la luz. Y otros como Inés Tolentino y Enriquillo Rodríguez articulan su lenguaje a partir de la fusión de signo grafías, figuración y abstracción. Empieza entonces el auge creciente de la instalación, en la que comienzan a destacarse nombres como los de Tony Capellán, Belkys Ramírez y Marcos Lora, y de la fotografía, que llevara al otorgamiento del gran premio de la XIX Bienal de Artes Plásticas a Luis Nova.

Al filo de la actualidad
Se entremezcla escritura, abstracción y figuración al paso de los noventa, conviviendo con la cita visual o fotográfica, con las evocaciones de la historia del arte, de los sincretismos religiosos, de la cotidianidad y la marginalidad social, los problemas como la migración, el abuso infantil o las alusiones al pasado personal o colectivo en expresiones cada vez más diversificadas. Tanto la instalación, el vídeo o la fotografía expresarán la simultaneidad de los tiempos históricos y el mestizaje cultural que nos anima. Desde el arte de acción hasta la cerámica artística, la gráfica, el dibujo, la pintura y escultura enfatizan el contenido. Los temas del género, de la corporeidad y el cuerpo semantizado, de lo sagrado, de la violencia, así como el afán por ser contemporáneos, se superponen y a menudo adquieren mayor importancia que la búsqueda de signos de identidad que prevalecieron en décadas anteriores.


sábado, 22 de marzo de 2014

Los reflejos de una sociedad corrupta


¿Para qué sirve un Congreso?
Por JOSÉ DUNKER L. 
21 marzo, 2014 2:00 am 

La organización privada “World Justice Project” acaba de lanzar este miércoles 5 de marzo su “Índice de Imperio de la Ley 2014”.
En palabras de su presidente, “un efectivo imperio de la ley reduce la corrupción, alivia la pobreza, mejora salud y educación, y protege a la gente de injusticias y de peligros grandes y pequeños”. No son palabras al aire sino el consenso que se ha venido haciendo desde diversas disciplinas. Si queremos que el sistema social funcione, el requisito indispensable es que se cumplan las reglas de juego. Sin el imperio de la ley nos convertimos en lobos los unos de los otros, y se incrementan todos los indicadores de malestar: accidentes, violencia, suicidio, corrupción, intoxicaciones y trastornos psicosomáticos. Esa es la gran diferencia entre las naciones ricas y las pobres: unos tiene el hábito y otros no han aprendido a someterse al imperio de la ley.
El Índice cubre 99 países, para lo cual se revisaron 100,000 casas mediante 2,400 encuestas profesionales en todo el mundo. El informe gira alrededor de ocho temas: limitaciones al poder gubernamental, ausencia de corrupción, apertura del gobierno, derechos fundamentales, orden y seguridad, ordenamiento legal, justicia civil, y justicia penal. El informe usa una escala de 0 = lo peor, hasta 1 = lo mejor, en el que Dinamarca el mejor país evaluado saca los siguientes puntajes en estos ocho temas: 0.94, 0.96, 0.79, 0.90, 0.90, 0.84, 0.82, y 0.84.
Para RD estos ocho temas arrojan los siguientes puntajes: 0.48, 0.37, 0.48, 0.60, 0.59, 0.42, 0.48, y 0.37. Nos quemamos pero no con una pésima nota, incluso pasamos en “derechos fundamentales” con un 0.60, y en “orden y seguridad” sacamos un 0.59. Hay incluso aspectos positivos importantes, por ejemplo: la encuesta sobre libertad de asociación arroja un 90% positivo, y 83% para libertad de opinión. En el renglón “ausencia de conflictos sociales” sacamos la nota máxima con un 1.00 (somos uno de los países más tranquilos del mundo), mientras “libertad de religión” saca 0.75 y “libertad de asociación”, 0.72.
Donde aparece la nota chocante es cuando se revisa la corrupción en los poderes del Estado: el Ejecutivo saca 0.42; el Judicial saca 0.46; el Ejército y la Policía sacan 0.46, y… ¿el Congreso Nacional? ¡El puntaje es de apenas 0.14! Esta cifra no solo se aleja notoriamente de los otros poderes nacionales, sino que representa una de las peores de los 99 países estudiados por el WJP, superado solo por tres países: Kenia = 0.13; Ucrania = 0.11, y Nigeria = 0.09. Esto significa que, de acuerdo al Índice el actual congreso de nuestro país solo es superado en corrupción por estos tres países, uno de los cuales por cierto, atraviesa una guerra civil. En el informe del 2011 nuestro Congreso sacó 0.10, y cuatro países estaban peor: Kenia (0.06), Nigeria (0.05), Tailandia (0.06) y Ucrania (0.02). En la actualidad, según WJP, solo tres países del mundo tienen un Congreso más corrupto que RD.
Estas cifras son sorprendentes, y no es lo que esperábamos. Parece que el Congreso cocina sus asuntos muy bien, y no nos damos cuenta del guiso que nos hacen comer. Lo más probable es que el informe tiene que ver con algunas cifras que sí conocemos, por ejemplo, estos son los ingresos de un diputado: (1) Salario = $175,000.00/mes; (2) Sueldo 13 (regalía) = $175,000.00; (3) Sueldo 14 (bono escolar) = $175,000.00; (4) Bonificaciones (hasta RD$400,000.00); (5) Gastos de representación = $35,000/mes; (6) Dieta = $45,000/mes; (7) Plan de ayuda = $87,000.00, y (8) Fondo social = $50,000.00. Aparte de esto tienen otros ingresos: (9) Gasolina; (10) Flota o celular; (11) Secretarias, choferes, vigilantes, etc.; (12) Incentivo por asistir a sesiones; (13) Incentivos por pertenecer a comisiones; (14) Dos exoneraciones abiertas; (15) Pasaporte diplomático y gastos de viaje; (16) Vacaciones por cinco meses, pues solo trabajan 7 meses, y, al final, como premio por su buena labor, tienen, (17) ¡Pensión de por vida! al concluir su periodo. Si usted calcula que tenemos 190 diputados + 20 diputados al Parlacen, se hace una idea del significado de la palabra despilfarro.
Los 32 senadores, de su parte, reciben un salario de RD$125,000.00 + gastos de representación ($50,000.00) + dieta ($25,000.00) + gastos de hospedaje ($25,000.00) = RD$225,000.00. Aparte de esto reciben: celular + gasolina + ayudas para amueblar oficina + $5,000 por sesión + $3,500 por integrar comisión, y reciben también: hasta 25 asistentes y exoneraciones de vehículos. Tienen además a su discreción el “barrilito”, entre $600,000 a $900,000 mensuales. A esto se añaden bonificaciones de hasta RD$400,000.00 por diversos motivos.
Como si lo anterior fuera poco, existe el legendario hombre del maletín, y cuando el Presidente o una transnacional quiere que la aprueben una ley o un contrato, se mueven millones como si fuera paja de coco… ¿Alguien me puede decir… para 

jueves, 20 de marzo de 2014

La vida de la presidenta Alemana.

Una mujer Extraordinaria, fuera de serie.
7 septembre 2011, 12:46
Angela Merker
hamburgo, 1954) Política alemana, presidenta del partido alemán Unión Demócrata Cristiana desde 2000 y canciller de la República Federal de Alemania desde 2005. Es la primera mujer desde que nació el Estado alemán (1870), y también la primera persona originaria de la extinta República Democrática Alemana (RDA, comunista), que asume la jefatura del Gobierno federal.
Nacida en Hamburgo en 1954, Angela Merkel, hija de un pastor protestante, vivió desde que tenía pocos meses en la RDA, bajo los rigores del régimen comunista, y no fue disidente, sino militante de la Juventud Alemana (comunista), y estudiante de física en la Universidad de Leipzig, en la que se doctoró en 1986.

Angela Merkel
Investigadora en la Academia de Ciencias de la RDA, no entró en política hasta el derrumbe del Muro, en noviembre de 1989, y realizó una meteórica carrera: ministra de Juventud y Familia (1990-1994) y del Medio Ambiente y Naturaleza (1994-1997), estrecha colaboradora del canciller Helmut Kohl, y al retirarse éste, secretaria general (1998) y presidenta del partido, cargo para el que fue elegida el 10 de abril de 2000.
Los comentaristas alemanes subrayan que, en el seno de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), dominada por dirigentes católicos de las regiones occidentales, Merkel mostró una tenacidad admirable en la lucha por el poder desde que fue elegida secretaria general en 1998. Durante el cataclismo que sacudió al partido por los donativos ilegales (las cajas negras), que se llevó por delante al heredero de Kohl en la presidencia del partido, Wolfgang Schäuble, su ambición política prevaleció sobre el respeto que profesaba a su mentor.
No sólo censuró a Kohl en un artículo de prensa que causó sensación, sino que abogó por un nuevo impulso que liberara al partido de la pesada herencia. Aunque presidenta de la CDU desde abril de 2000, su meteórico ascenso suscitaba recelos entre los barones del partido, que la consideraban una figura de transición, de manera que cuando hubo que elegir un candidato para las elecciones, los parlamentarios de la coalición prefirieron al presidente de la rama bávara, la Unión Social Cristiana (CSU), Edmund Stoiber. Su pugna con el jefe del grupo parlamentario, Friedrich Merz, cercenó sus aspiraciones, pero esa preterición, lejos de deprimirla, le insufló nuevas energías.
Presidenta de la CDU
La derrota de Stoiber por el canciller Gerhard Schröder, en las elecciones del 22 de septiembre de 2002, permitió a Merkel escalar un nuevo peldaño en la ardua cucaña del poder: desplazó a Merz, debilitado por el fiasco electoral, y fue elegida presidenta del grupo parlamentario CDU-CSU y, por ende, jefa de la oposición en el Bundestag.
Si creemos a su principal biógrafo, Gerd Langguth, siguió el consejo de Kohl, según el cual para preservar el poder es preciso dominar el partido, pero también mantuvo su proverbial desconfianza hacia los correligionarios enquistados en los engranajes burocráticos. Sus intenciones no se concretaron hasta que fue reelegida triunfalmente presidenta de la CDU en un congreso en Hannover, el 11 de noviembre de 2002, consagrada como líder indiscutible. Volvió a ser reelegida en dos años después, en diciembre de 2004, y consolidó su reputación de mujer implacable.
Durante sus tres años en el primer escaño de la oposición, no sólo se mostró tenaz en sus diatribas contra las reformas de Schröder, que juzgó insuficientes, sino que ganó fama de adoptar una posición estrictamente racional ante los problemas, de la que deriva un estilo político que huye de las generalidades para atenerse a la observación y el estudio de los detalles. En contraste con Kohl, un político tradicional y católico, obsesionado por la historia y por el consenso social y político, ella actuó como una científica, pragmática, “independiente de la ideología”, según sus palabras, que sopesa cuidadosamente los pros y los contras, pero que no vacila en la decisión.
Candidata a la cancillería

Elegida por unanimidad candidata de la coalición CDU-CSU a la cancillería el 30 de mayo de 2005, empezó la campaña electoral con 20 puntos de ventaja, pero ésta comenzó a esfumarse tan pronto como reveló su programa económico y, sobre todo, desde que anunció que subiría el impuesto sobre el valor añadido (IVA) en dos puntos para promover la creación de empleo. En vez de enmendar el yerro, lo remachó al elegir como asesor fiscal a un profesor de la Universidad de Heidelberg, Paul Kirchhof, con una visión ultraliberal, que abogó por una reforma radical de los impuestos y propuso de manera imprudente un gravamen único del 25% y la supresión de las subvenciones.

lunes, 10 de marzo de 2014

La salud en el siglo XXI

Cómo conseguir un cuerpo alcalino
Cuerpo alcalino es sinónimo de cuerpo sano. ¿Qué hay que hacer para lograrlo? La clave está en tomar alimentos como el ajo o las almendras y no abusar de los que acidifican el organismo, como el café o el chocolate. Si alcanzamos el equilibrio, aportaremos a la sangre los nutrientes que necesita
MADRID/EFE/MARINA VALERO VIERNES 07.12.2012SIN COMENTARIOS ↓ENVIAR
Ejemplos de alimentos alcalinos. EFE
El origen de la salud está en nuestra naturaleza. En concreto, en el  pH de la sangre, el índice que mide su acidez o alcalinidad en una escala del 0  al 14. ¿Cuál es el nivel idóneo? El 7,4. Pero la contaminación ambiental, los malos hábitos alimenticios o el estrés acidifican el cuerpo y alteran este ph. Y la sangre reacciona: roba los nutrientes que necesita del resto de órganos vitales para compensar el desequilibro.
Enrique González, director técnico de Bioenergía Humana (BHU) y nutricionista terapéutico, afirma que “la sangre es el director“. Siempre procurará que su índice de pH no se mueva del 7,4. “Y si se lo ponéis difícil, ya se encargará de robar minerales para que la cifra permanezca”. Las oscilaciones del pH de la sangre son casi nulas (+/- 0,04), y por tanto no se suele medir. “Lo que solemos medir son otros líquidos del cuerpo como la saliva y la orina. Si están ácidos es que están cediendo a la sangre, y si están alcalinos no”.
¿Qué signos aparecen en el cuerpo tras el “saqueo” de nutrientes? Cansancio, dolores de cabeza, problemas digestivos, dismineralización de las uñas y el cabello…“Si pasa el tiempo y no se pone remedio, estos síntomas se convierten en enfermedades como el cáncer”, asegura el experto.
¿Qué diferencia a un cuerpo enfermo de uno sano?
Pensemos en el motor de un coche. Si está ácido y oxidado, a veces cuesta ponerlo en marcha y se puede parar en cualquier momento. Si por el contrario está alcalino y bien lubricado, tenemos la garantía de que funcionará bien por mucho tiempo. Lo mismo ocurre con nuestro cuerpo. Si se mantiene en su estado natural, es decir, ligeramente alcalino (con el pH de la sangre por encima de 7), estará protegido frente a enfermedades. El nutricionista lo explica: “No va a tener que ceder ningún tipo de sustancia y va a propiciar un clima poco favorable para virus y bacterias”.
En cambio, un cuerpo ácido es un cuerpo enfermo o propenso a la enfermedad porque la sangre, las células y los órganos vitales viven en un entorno hostil y están en peligro. ¿Y quién marca el grado de acidez o alcalinización de nuestro cuerpo? “Los líquidos que interactúan con la sangre en el intercambio de elementos orgánicos”, apunta el experto.
Tenemos que trabajar para que nuestro cuerpo esté alcalino y no ácido”¿Cómo?
Cuatro claves para combatir la acidez
1. Nutrición. Somos lo que comemos, así que si quiere ser alcalino, coma alcalino. Según González, lo ideal es “compensar con más alimentos alcalinizantes -ricos en potasio, magnesio y/o calcio- para que el cuerpo no tenga que sufrir robando minerales para alcalinizar la sangre”. De este modo lograremos equilibrar la cifra del ph. La recomendación del experto es consumir menos alimentos acidificantes y más alimentos alcalinizantes.
Alimentos ácidos
Alimentos alcalinos
Café
Patata
Alcohol
Lechuga
Bebidas gaseosas
Pepino
Frituras
Coles de Bruselas
Azúcar refinado
Espinacas
Harina blanca
Algas
Zumo de frutas envasado
Limón
Chocolate
Bayas de Goji
Mermelada
Aguacate
Leche
Ajo
Arroz
Té verde
Carne roja
Jengibre
Frutas en general
Almendras crudas
Como apreciamos en la tabla, “podemos encontrarnos con un alimento ácido como el limón con un comportamiento alcalinizante una vez digerido, por su aporte mineral y la ausencia de azúcares”.
2. Ejercicio físico. Un cuerpo vago o sedentario realiza sus funciones con mucha más lentitud. González aconseja hacer deporte adaptado a la edad y el nivel de preparación de cada uno para “mantener el cuerpo vivo”. Así se activa el metabolismo, se eliminan toxinas y el organismo funciona bien.
3. Ducha interior. Depurar los residuos de nuestro cuerpo es imprescindible. “Los tóxicos también nos acidifican, sobre todo si el organismo no limpia o no drena bien”, afirma el nutricionista. Por eso propone recurrir a algunas plantas que ayuden en la labor de limpieza. Hidratarse también es muy importante.
4. Equilibrio emocional. Mens sana in corpore sano, y viceversa. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud implica bienestar físico y psíquico, así como bienestar ambiental y social. El estrés emocional provoca que ciertas hormonas nos tensionen y dejen residuos en el organismo. González asegura que “necesitamos un estado de salud mental y emocional adecuado que nos ayude a lograr un cuerpo alcalino”.
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